ARTE Y NIÑOS. VER, MIRAR, CONTEMPLAR

Hace unos días, con motivo de una conversación con una buena amiga, me cuestioné si las actividades sobre arte, en concreto, la pintura, era o no una actividad extraescolar más de las muchas que nos ofrecen. Montar en patines, idiomas, teatro, baile… ¡Qué sé yo!, la oferta es mucha y variada. Me encantaría que todos reflexionemos sobre este punto. Yo, hoy, en este momento voy a compartir con vosotros mi reflexión:

He llegado a la conclusión de que no; no es una actividad extraescolar más. Es una actividad que va mucho más allá de “aprender algo”. Pienso también que es una actividad que, por error, podríamos creer que solo deben desarrollarla aquéllos con “ciertas dotes artísticas”. Esto puede resultar tema de debate, pero permítanme que yo lo afirme: Sería un error…
En los once años de mi dedicación a los más pequeños, a pie de aula, no he conocido jamás ningún niño al que no le guste, que no disfrute con la actividad de pintar; ninguno al que no le gustara explicar sus dibujos, aunque éstos a los ojos del adulto, no sean más que borrones, garabatos. En ese, su crear, el niño vuelca su mundo interno. El niño crea; es así. ¡Somos creadores! Hemos nacido seres trascendentales y esto empieza también en unas líneas, unas curvas, unos colores, unos garabatos… El niño se relaciona con el mundo, con lo que le rodea y contigo, adulto, a través de sus reproducciones. Esto, que dicho así es muy general, me sirvió para pensar en la naturaleza de la actividad que reporta el arte. Cuando contemplamos una exposición nos damos cuenta de que esto del arte de la pintura, no es sólo pintar sin más. Se trata de aprender a mirar, de aprender a contemplar.
Ver es percibir con los ojos algo mediante la acción de la luz. Mirar es dirigir la vista a un objeto, es pensar, es juzgar y contemplar es poner atención en algo material o espiritual. Estas tres cosas se requieren para esta actividad: VER, MIRAR Y CONTEMPLAR.

Aprendemos estrategias para conseguir un buen acabado
Hemos empleado el libro Mondrian para niños

En esta sociedad actual donde todo pasa tan deprisa, donde nos montamos en la montaña rusa por la mañana, subimos a nuestros niños en ella y vamos haciendo paradas donde ya, cada uno corre solo, necesitamos actividades como estas. Actividades que pongan a nuestros pequeños en contacto directo con la belleza. Esas clases de pintura que se organizan con salidas al exterior pintar del natural, esas tertulias que se debe mantener antes de la salida para que los pequeños

creamos estrategias para conseguir un final perfecto
Analizamos la obra y reproducimos uno de sus cuadros usando estrategias

Existe una tendencia actual en poner en contacto al niño, con el mundo del arte -todos estamos de acuerdo en que esto, es necesario- pero la mayoría se queda en que el niño experimente con el arte, que el niño recree su propia obra y que ésta, no se vea “alterada” por la mano del adulto… perdonad que sea rotunda pero quedarse solo aquí es muy pobre y conduce a poco. Esto hay que hacerlo, sí, pero no sólo esto. El niño aprende si el adulto guía. El adulto enseña. Enseña a utilizar el espacio, a mezclar colores, a usar el pincel, … y, lo más importante, lo adentra en el mundo de la contemplación. Le enseña a escuchar el silencio que lo lleva a la propia autorreflexión y desde aquí a crear. A crear su obra genuina. A interpretar lo que contempló, es decir, lo que miró con atención, con los ojos y con el alma.
El resultado final de su obra cobra toda significación para él cuando el fruto de su trabajo trasciende. Su obra aporta a otros el beneficio de la satisfacción, se habla de ella, se opina, se admira, se cuestiona… ¡Ha SERVIDO su trabajo!
Para analizar las obras de los niños, necesitamos sorprendernos, “aniñar” el alma para aprender de ellos. Mirar un cuadro con ellos es una verdadera escuela de sabiduría, sólo necesitas mirarle y escucharle. Descubrirás detalles que a ti persona adulta, te pasaron desapercibidos; tendrás ese punto de vista que te faltaba para tener la visión completa del cuadro. Os animo a que si no lo habéis hecho o lo habéis olvidado, empecéis con esta práctica. Recordad que el niño no es algo que llevamos de un sitio a otro -por cierto, a un ritmo trepidante- es alguien deseoso de conocer, de experimentar y cuya capacidad de asombro, en principio innata, se achata hasta perderse, sin la mano firme, fuerte y sólida, sin las palabras cariñosas y también firmes de ese adulto acompañándolo en su incipiente encuentro con la vida.
Existe un estudio sobre la creatividad. Se realizó, de forma longitudinal a niños de 3 a 5 años. El estudio arrojó los siguientes datos: el 98% resultaron ser super- creativos. Cuando tuvieron entre 8 y 10 años, el 32% seguía siendo muy creativo. Cuando tenían entre 13 y 15 años sólo el 10% lo era.
Para no esperar tanto tiempo se hizo un estudio a adultos de 25 años y solo el 2% resultaron ser creativos. Conclusión: Perdemos la creatividad al crecer. Los niños son creativos al máximo

El arte, sin duda, nos hace mejores personas. Nos cuestiona ¿Qué soy? No sólo color, soy algo que solo tú ves. ¿Qué soy? ¿Qué ves?… Para finalizar esta pequeña reflexión que me encanta compartirla con vosotros recordad que, un niño es como una estrella que brilla con luz propia. De nosotros, los adultos, depende su esplendor.

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