Padre, hijo, nieto “siempre hay una razón para vivir”

La semana termina con la celebración este sábado del día del Padre. La Conferencia Episcopal Española ha presentado esta semana el vídeo que abre este post. El fondo del mensaje es contundente, loable y profundamente necesario: la defensa de la vida desde el inicio hasta el fin. Algo con lo que todos deberíamos comprometernos.

Cada vez más hay muchas familias donde una misma persona ha de cuidar a la vez a padres e hijos viviendo entre la fragilidad de los jóvenes y de los ancianos, descubriendo lo duro que es ser “la parte fuerte”.

Cuenta Virgilio en La Eneida que los griegos capitaneados por Ulises abandonaron en las playas de Troya un enorme caballo de madera “alto como un monte”. Los troyanos, pensaron que se trataba de una ofrenda de los griegos que emprendían la huida, pese a que algunas voces dentro de la ciudad, especialmente la de Laocoonte, ya advertían la tragedia. El caballo fue trasladado al interior de la ciudad con gran regocijo y jolgorio.

Cuando cae la noche y los Troyanos duermen el caballo se abre y Ulises y sus hombres, que en él estaban escondidos, abren las puertas de la ciudad para permitir la entrada del resto de tropas griegas que se habían escondido en la cercana isla de Ténedos. Someten a Troya al fuego y al terror.

Eneas, dormido durante la invasión, ve a Héctor en sueños que le anuncia el fin de Troya y le ordena salvar a los penates y huir. Los ruidos del combate terminan por despertar a Eneas, que viendo a su ciudad en llamas y perdida a manos de los griegos, decide al principio luchar hasta morir, junto con sus compañeros. Pero en mitad del fragor de la batalla se le aparece Venus, su madre, y le conmina a cumplir el mensaje de Héctor. Eneas carga a su anciano padre sobre sus hombros y acompasa sus zancadas a los cortos pasos de su hijo, al que lleva de la mano y con el sonido del fuego crepitando en sus oídos y el calor llegándoles a la piel en oleadas huyen de Troya.

Sostenidos por su agónico esfuerzo los suyos salvan la vida. Eneas parece un héroe sin brillo, que pierde su guerra frente al gran Ulises. Pero saca fuerzas de flaqueza para conseguir mantener a su familia y a un puñado de compatriotas con vida. Desde allí inician un azaroso viaje hasta encontrar una nueva patria, Italia, donde los descendientes de Eneas fundarían la ciudad de Roma. En definitiva, los pasos de nuestra civilización fueron los de un hombre a punto de derrumbarse, con su anciano padre a la espalda y su hijo pequeño de la mano.

¿Entiendes ahora la responsabilidad que como padre puede tener tu labor?

                                                       Publicado por C. Andreu

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